Por: Don Ramón Rivera Bermúdez -Q.E.P.D.
Don Pablo Garrido y doña María Cadilla de Martínez, dos escritores de temas tradicionalistas,
nos decían..."Al caer la noche del 2 de febrero en todos los hogares campesinos en el pueblo
y en el campo antiguamente aparecían encendidas las hogueras como bengalas de paz, de
amor y de fe. Donde no se podía hacer una fogata de esta naturaleza se hacía en los fogones
de las cocinas una diminuta hoguera con cajuelas y papeles que, según se creía, aseguraba
la salvación del hogar del fuego en el futuro. Los vecinos se reunían provistos de güiro y tiple y
en cada lugar donde se amontonaba la leña para la hoguera se efectuaba una festividad de
tipo social-religioso. Con ese despliegue de hogueras por todas partes nuestras montañas
parecían ser más bellas y más sagradas en las variantes alternativas de sus llanos y de sus
montes. Allí se daban cita los mozos de nuestros campos y las tímidas jibaritas que vivían
una noche llena de emociones y de alegría; allí también estaban los niños, las personas
mayores y los ancianos, todos celebrando al unísono la fiesta de la Candelaria. Cuando se
reunía un grupo, claro, estas celebraciones eran más alegres y más intensas y no faltaba el
café prieto y las golosinas correspondientes y, desde luego, bebidas más fuertes para los que
la apetecían. Para prolongar el acontecimiento, la fogata se activaba echándole más leña y
especialmente mayas o higüeras. El estallido de las maracas, las higüeras y las mayas
animaban la fiesta mientras las teas elevaban las llamas al infinito. Luego, el líder del grupo
llamaba al orden, se formaba una rueda entre todos cogiéndose por las manos, circulando
alrededor de la hoguera y cantando y recitando versos como los siguientes:
“Virgen de la Candelaria
Por tu devoción
Líbranos del fuego
Apaga el fogón.
Virgencita Santa
Con tu paz y amor
Tenemos por llama
La luz de tu amor".
"La fogata se reanimaba una y otra vez y el acto continuaba hasta que, rendidos, todos se retiraban a sus hogares. Aunque la tradición de formar las fogatas ha desaparecido desde hace mucho tiempo en Coamo, aún se efectúa simbólicamente en la plaza de recreo y en la misa solemne a la Candelaria el día 2 de febrero. Durante dicha misa se bendicen y reparten velas a los fieles que luego las encienden al participar en la procesión que recorre las principales calles de la población. Estas velas luego los feligreses las guardan en sus hogares para rezarle a la Santa cuando surge la necesidad que por lo regular es cuando el hogar corre peligro inminente de fuego. También, como parte de la celebración honrando a la Santa Patrona, se acostumbra quemar fuegos pirotécnicos por la noche en la plaza pública de recreo. Se enciende en medio del fuego la efigie de la Santa, la que, a la postre, resurge incólume, completamente inafectada por las llamas. Esta es una ceremonia simbólica que se ha estado efectuando en Coamo hasta la fecha de hoy.
Como la celebración de la Candelaria es la víspera de la fiesta de nuestro otro santo patrón, San Blas, la cual se efectúa el 3 de febrero, nuestros campesinos solían cantar:
"San Blas y la Candelaria
Se vinieron bien juntitos
Para aliviar nuestros males
Con medida y luceritos".
La palabra "medida" que se menciona en los versos se refiere a una cinta que los fieles se ponían alrededor del cuello. Esta a veces tenía adherida una diminuta imagen de San Blas la cual se bendecía en la Iglesia y que los fieles guardaban en sus casas. Se decía que en caso de ahogo con sólo ponerla al cuello de los afectados éstos se curaban. El uso de esa cinta cayó en deshuso desde fines del siglo pasado.
Otra oración religiosa donde también se hacía mención de la estrecha relación espiritual de los dos Santos Patronos que se acostumbraba antiguamente cantar en Coamo, decía:
“Virgen de la Candelaria
Virgen de mi devoción
San Blas es tu compañero
dueño de mi corazón”.
Don Pablo Garrido y doña María Cadilla de Martínez, dos escritores de temas tradicionalistas, nos decían..."Al caer la noche del 2 de febrero en todos los hogares campesinos en el pueblo y en el campo antiguamente aparecían encendidas las hogueras como bengalas de paz, de amor y de fe. Donde no se podía hacer una fogata de esta naturaleza se hacía en los fogones de las cocinas una diminuta hoguera con cajuelas y papeles que, según se creía, aseguraba la salvación del hogar del fuego en el futuro. Los vecinos se reunían provistos de güiro y tiple y en cada lugar donde se amontonaba la leña para la hoguera se efectuaba una festividad de tipo social-religioso. Con ese despliegue de hogueras por todas partes nuestras montañas parecían ser más bellas y más sagradas en las variantes alternativas de sus llanos y de sus montes. Allí se daban cita los mozos de nuestros campos y las tímidas jibaritas que vivían una noche llena de emociones y de alegría; allí también estaban los niños, las personas mayores y los ancianos, todos celebrando al unísono la fiesta de la Candelaria. Cuando se reunía un grupo, claro, estas celebraciones eran más alegres y más intensas y no faltaba el café prieto y las golosinas correspondientes y, desde luego, bebidas más fuertes para los que la apetecían. Para prolongar el acontecimiento, la fogata se activaba echándole más leña y especialmente mayas o higüeras. El estallido de las maracas, las higüeras y las mayas animaban la fiesta mientras las teas elevaban las llamas al infinito. Luego, el líder del grupo llamaba al orden, se formaba una rueda entre todos cogiéndose por las manos, circulando alrededor de la hoguera y cantando y recitando versos como los siguientes:
“Virgen de la Candelaria
Por tu devoción
Líbranos del fuego
Apaga el fogón.
Virgencita Santa
Con tu paz y amor
Tenemos por llama
La luz de tu amor".
"La fogata se reanimaba una y otra vez y el acto continuaba hasta que, rendidos, todos se retiraban a sus hogares. Aunque la tradición de formar las fogatas ha desaparecido desde hace mucho tiempo en Coamo, aún se efectúa simbólicamente en la plaza de recreo y en la misa solemne a la Candelaria el día 2 de febrero. Durante dicha misa se bendicen y reparten velas a los fieles que luego las encienden al participar en la procesión que recorre las principales calles de la población. Estas velas luego los feligreses las guardan en sus hogares para rezarle a la Santa cuando surge la necesidad que por lo regular es cuando el hogar corre peligro inminente de fuego. También, como parte de la celebración honrando a la Santa Patrona, se acostumbra quemar fuegos pirotécnicos por la noche en la plaza pública de recreo. Se enciende en medio del fuego la efigie de la Santa, la que, a la postre, resurge incólume, completamente inafectada por las llamas. Esta es una ceremonia simbólica que se ha estado efectuando en Coamo hasta la fecha de hoy. Como la celebración de la Candelaria es la víspera de la fiesta de nuestro otro santo patrón, San Blas, la cual se efectúa el 3 de febrero, nuestros campesinos solían cantar:
"San Blas y la Candelaria
Se vinieron bien juntitos
Para aliviar nuestros males
Con medida y luceritos".
La palabra "medida" que se menciona en los versos se refiere a una cinta que los fieles se ponían alrededor del cuello. Esta a veces tenía adherida una diminuta imagen de San Blas la cual se bendecía en la Iglesia y que los fieles guardaban en sus casas. Se decía que en caso de ahogo con sólo ponerla al cuello de los afectados éstos se curaban. El uso de esa cinta cayó en deshuso desde fines del siglo pasado.
Otra oración religiosa donde también se hacía mención de la estrecha relación espiritual de los dos Santos Patronos que se acostumbraba antiguamente cantar en Coamo, decía:
“Virgen de la Candelaria
Virgen de mi devoción
San Blas es tu compañero
dueño de mi corazón
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